Historia Artística

I. LA GIRALDA

Entre su abundante obra, tenemos que destacar la dedicación casi obsesiva a La Giralda, la torre de la que se quedó prendado un día de primavera cuando, recién llegado de Granada, su tierra natal (1922), la encaraba saliendo de la calle Placentines. Es fácil entender el embrujo que en él produjo si, como él, nos acercamos a ella desde esta perspectiva: aparece majestuosa, esbelta y robusta a la vez… se la ve a ella sola, casi no hay catedral, imponente.

Tal fue el embeleso que se propuso pintarla cien veces, y después doscientas y finalmente trescientas sesenta y cinco. Sí, ahí está la colección de “Los 365 Gestos de la Giralda” que conforman los fondos de nuestra fundación.

Cronológicamente, la primera Giralda la pinta en 1962; es una vista desde la orilla del Guadalquivir en Triana. Una interpretación puntillista en la que plasma magistralmente la reverberación de la luz, esa luz sugerente y misteriosa, “luz con el tiempo dentro”

En esta colección está el maestro, rotundo con su técnica variadísima y firme en cada caso. Nos encontramos cuadros con la Giralda sola, a distintas horas del día y de la noche, en distintas estaciones del año y en las múltiples vicisitudes por las que una obra tan señera ha pasado. Nos la encontramos rodeada de personajes, viejos y jóvenes, descarados o tristes, gentes, en definitiva de la vida de cada día y que reflejan el momento social en que a Amalio los pintó. Nos la encontramos en medio del paisaje, urbano, muy próximo o verde y húmedo allá en el fondo del cuadro como un fantasma siempre presente. Nos la encontramos simplificada, esquematizada, pero con sus líneas maestras que nos hacen reconocerla al instante. Nos la encontramos dibujada a carboncillo, al pastel, esculpida en alambre, insinuada en un cuadro abstracto y en tantas expresiones artísticas como el número de ellas, trescientas sesenta y cinco.

Amalio dedicó tres libros a la Giralda:

“Alquibla”, obra poética dedicada a la torre y publicado en 1983, serie Torre de la Plata, editorial Gallo de Vidrio. El título no podía ser otro que este por varias razones: primero, porque el nombre es árabe y la Giralda lo es y, además, porque al igual que los islámicos miran a la quibla ( pared orientada hacia la Meca) cuando rezan, los sevillanos miran hacia su Giralda para identificarse con sus creencias e idiosincrasias propias.

La presentación de este libro tuvo lugar en el cuerpo de campanas de la Giralda el día 26 de mayo de 1984, 13 safar de la hégida. En la presentación, la catedrática de literatura doña Elena Barroso subrayó sobre todo el significado andalucista de Alquibla:

“Es susceptible de unos cuantos poemas que tienen como denominador común una temática social como componente andalucista implícito unas veces y explícito otras. La amada, testigo de padeceres presenta entonces gestos de tristeza, angustia o crispación acordes con el estado de ánimo de los hombres sus hermanos.”

 

Amalio comienza el libro con un primer poema sin enumerar:

Deleitoso clamor de brisa encinta
Cuando las piedras, ascendentes niágara de ritmos,
Ondulan delirentes
Y las bocas
Se embriagan de azucenas.

Y lo concluye con la siguiente posdata:

(Aún conservo el acecho en las pisadas
De cuando te rondaba al pie de tus caricias)

“La Giralda. 800 años de Historia de Arte y de Leyenda” que fue premio Focus en 1983. La edición es de Editoriales Andaluzas Unidas y desde hace bastantes años, está agotado. Este libro, según nota final, se acabó de maquetar en la calle Placentines de Sevilla, a los pies de la Giralda, en la primera luna del mes de Nissan de 1988.

La base de esta biografía fue su tesis doctoral compuesta por cuatro tomos y un apéndice y avalada, por entonces, por 170 ‘gestos’.

“Cuentos y Leyendas de la Giralda”, editorial Don Quijote, Sevilla 1991.

En estos cuentos y leyendas, Amalio juega con el tiempo y con las historias, y son en definitiva producto y mezcla de su sentido creativo y de su labor investigadora sobre la historia y las historias de la Giralda que él ha sabido buscar y encontrar en los libros y documentos raros y curiosos que tratan de la torre sevillana.

¿Es la Giralda mejor símbolo de Andalucía que la Alhambra de Granada?. También la Alhambra ha sido retocada, complementarizada por el palacio de Carlos V. Pero esta ampliación de la Alhambra ha sido más discutida, incluso estéticamente, que el Giraldillo de Hernán Ruiz. ¿Es quizás porque la política tiene menos tacto que la religión cristiana para aglutinar culturas en una síntesis superadora?.

La Giralda es de quien la contempla. Es una generosa dama que constantemente se da sin ensayar ninguna resistencia. Ahí está, donosa y bella, esplendente y señorial, grácil y honesta, ligera y firme, testigo de la ciudad y de la historia más antigua de la península.

Se le reconoce a Amalio un previsor instinto y una legítima representatividad del pueblo sevillano y andaluz por sus esfuerzos y aciertos. El pintor se adelantó a la conmemoración de los ocho siglos que hizo que el sultán Abn Yusuf Yaqub y su hijo impulsaran las obras de tanta belleza almohade.

Todos los críticos que hablan sobre Amalio, hablan de la Giralda como fuente constante e inagotable de inspiración para cualquiera de las artes que desarrolle el poeta o el pintor. Es el caso del profesor Antonio García Berrio de la Universidad de Madrid en el prólogo del poemario de Amalio “Reolina” (Gráficas Rublán, Sevilla 1986):

Guitarra y Giralda, sobre todo ésta, son diseños-símbolos privilegiados, como es bien sabido, en la conformación poética del mundo para este sobrio artista entregado, sin reservas, a las mejores delicias de la ingenuidad mítica.
Otros poemarios escritos por Amalio son:

“La mano florecida”, ed. Algo Nuestro, Sevilla 1974.

“El pan en la mirada”, col, Azotea, Sevilla 1977.

“Testamento en la luz”, ed. Algo Nuestro, Sevilla 1980.

II. EL MUNDO DE LOS GITANOS BAJO LA PERSPECTIVA DE AMALIO.

¿Cómo llegar y adentrarse en el espíritu del mundo gitano? ¿Cómo entenderlo?

Para llegar a plasmar este carácter único y sacar a la luz ese mundo interior, único también, hace falta algo más que la mano maestra que pinte la luz y los colores, hace falta un pintor luminoso y humano que sea capaz de albergar en su corazón, lleno de humanidad, tanta realidad de pasión, dolor y camino de que se compone la vida de los gitanos.

Amalio le quita al gitano todo lo superfluo, todos los abalorios y nos deja con la dignidad y sobriedad que los caracteriza. A Esperanza, su modelo gitana, la pinta con el mismo respeto y la misma dignidad que al retratar hombres ilustres.

El historiador Álvaro Huerga fue el primero que osó el atrevido parangón de Amalio con García Lorca en sus respectivos tratamientos pictórico-poéticos del tema gitano, así, en la revista Estampas de La Habana (Cuba), bajo el epígrafe ‘Los raros captadores’ dice:

Por eso son pocos y aun quizás con limitaciones, los privilegiados que han podido acercarse al misterio. Entre esos pocos yo destacaría a García Lorca y Amalio García del Moral. García Lorca ha hecho saltar en el yunque chispas en verso sonoro y rotundo de la intimidad gitana (…) García del Moral ha captado en la inspiración de sus pinceles, el desgarro y la sonrisa, el misterio a trozos palpitante. Y lo ha captado con voz idéntica pero distinta de García Lorca.
III. EL SÍMBOLO EN LA PINTURA DE AMALIO

El símbolo es un modo de aproximación a los fenómenos “mágicos”. Por medio de él la imaginación establece conexiones entre objetos y sensaciones que en la realidad se mantendrían en planos diferentes.

En el cuadro de “La novia” la proximidad de la muerte agudiza la sensibilidad, antes de morir la novia necesita realizarse, llegar a ser quien es, alcanzar la plenitud de su condición de mujer. El asalto de la muerte no tiene dificultad en vencerla, en poseerla.

Porque Amalio, en su pintura, busca con pasión lo infinito, lo puro, la destrucción de las diferencias; se ha valido del símbolo y del plano imaginativo para evocar a nuestras mujeres tocadas con ese luto gastado de los pobres que viste la mujer del pueblo andaluz.

Así, en su compromiso con Andalucía y dentro de lo que los críticos han calificado como realismo simbólico, dentro de la Andalucía negra, vamos a tratar el cuadro titulado “Pobre desmontable” del que dice el propio Amalio en entrevista con Manuel Olmedo:

…Como un símbolo para un determinado sector de la sociedad, ahí está, por citar tan sólo uno de mis cuadros, mi “Pobre Desmontable”, la joven y dulce mujer enlutada, seccionada en dos partes, a las cuales une y sujeta un grueso tornillo, que puede ser transportada con gran facilidad para que figure en concentraciones, procesiones, romerías…, en las que no deben faltar los pobres.
“El pan encadenado”. El pan es el punto de fuga de la perspectiva central en el que confluyen las líneas más importantes, es el vértice más alto del triángulo formado en sus otros dos punto por la azada que mueve la tierra en donde se siembra el trigo y el bieldo que lanza al viento la paja para que quede el grano. Hay otro triángulo cuya cúspide sigue siendo el pan y sus otros puntos las dos figuras laterales que dan la espalda al espectador y que están ya fuera del grupo central, como muestra de disconformidad y denuncia.

IV. LOS PAISAJES DE AMALIO.

Otra de las facetas en que destacó Amalio fue la de sus paisajes, en donde la luz, al igual que en sus retratos, adquiere una gran importancia.

Amalio tenía una visión humanizada del paisaje y nos decía:

“La simbiosis entre la tierra y el hombre que la habita, la Naturaleza sin hombres, es decir, sin historia, quedaría reducida, en el mejor de los casos, y desde mi punto de vista, a la simple contemplación estética”

Detrás de las figuras de Amalio hay siempre un paisaje de casas encaladas de pueblos andaluces o de ciudades como Granada y Sevilla para equilibrar y componer el cuadro, al igual que los grandes pintores renacentistas.

V. LAS “TACTOPINTURAS”

El momento de las “Tactopinturas” pertenece a una época de espacios oníricos a los que llega utilizando la materia … materia que se amplía con sensaciones táctiles … materia que nos emociona.

Esta época se podría definir como una sintetización de muchos años de formación e información en los que Amalio almacena sensaciones y se apasiona por los materiales desechables a los que transforma en esa ‘tactopintura’ que podemos tocar creando una maravillosa y particular comunicación con la obra.

El mismo Amalio declaraba en una ocasión:

Tras una etapa de preocupación por la concepción intelectual del cuadro … la materia va adquiriendo cada vez más independencia en mi expresión plástica, hasta culminar con las tactopinturas. En un sentido se trata de un expresionismo plástico de la materia; en otro, de una pintura totalmente liberada de cualquier consideración que no sea el puro hecho de pintar.
Algunos cuadros de esta época son: “La saeta”, “La puerta sin esperanza”, “Adam post-atómico”, “Guadalquivir, cárcel para tus ojos” y otros.

Algunos optan por la palabra, otros por la música y, felizmente para nosotros, Amalio nos ha trasmitido lo que sentía visualmente, con la plástica de su pintura; consecuentemente, no solo tenemos arte sino fantasía.

Estos años son de trabajo duro y dedicación de nuestro tiempo porque creemos en el valor artístico y de testimonio histórico que posee la obra de Amalio. Hemos llamado a muchas puertas y la verdad es que se han abierto muy pocas . Seguiremos llamando a las puertas de las instituciones públicas y privadas. Sin pecar de falsa modestia, tenemos que decir que la cultura se lo merece.